SER FELIZ con Sergio Valdivia

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"Ser Feliz" no tiene una orientación religiosa ni política determinada.
Creador y Editor: Prof. Sergio Valdivia Correa.

Número 353

Contenido

Editorial

Mientras más dinero gane, ¿seré más feliz?

Lo que muchas veces no nos atrevemos a decir

Testimonios

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Editorial

El valor de una vida se mide por las vidas que toca.

¿Qué rumbo tomar?No hay duda que necesitamos dinero para vivir y que aspiremos a que nos quede un tanto disponible para disfrutarlo. ¿Cuál es la relación del dinero con la felicidad? Lo analizaremos hoy.

También conversaremos que la búsqueda de satisfacciones materiales muchas veces aleja de los amigos y la familia, limitando la felicidad a que tenemos derecho.

Tus opiniones y aportes son muy importantes.

Sergio Valdivia
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Mientras más dinero gane,
¿seré más feliz?

¿Qué rumbo tomar?Durante décadas que llevo investigando sobre la felicidad he leído cientos de libros sobre el tema. Me han servido para experimentar las afirmaciones más prácticas y certeras de ellos para mejorar la calidad de vida y para ser más feliz.

www.serfeliz.net

También he apreciado la inmensa cantidad de aseveraciones sobre la felicidad que no tienen fundamente alguno, sino que solamente son los buenos deseos de algún autor o sugerencias que quizá a ellos les sirvieron, pero no tienen por qué ser útiles para la mayoría.

Mi aporte todos estos años es ir seleccionando los comportamientos que con toda seguridad conducen a una mayor felicidad a todas las personas, a practicarlos conmigo y con mis estudiantes: y luego a explicárselos a todos con palabras sencillas.

También he estudiado numerosas investigaciones sobre la felicidad que muestran que ésta se logra con ciertos modos de vida que contradicen lo que la mayoría piensa. Es interesante saberlo, porque de otra manera persistirá la ilusión transmitida de generación en generación por diversos autores, muchos de ellos que simplemente copian otros escritores anteriores. Hay creencias sobre la felicidad que son incorrectas. Y hay otras conductas que, sorprendentemente para la mayoría, llevan a la felicidad.

De todo esto voy comentando en los próximos artículos de Ser Feliz.

Es de sentido común que la felicidad se logrará a partir de la satisfacción de nuestras necesidades básicas: comida, abrigo, vivienda, salud y educación básica. Es lo primero que tenemos que conseguir para lograr bienestar en nuestras vidas. Si no se han satisfecho estas necesidades fundamentales, difícilmente habrá tiempo y energía para buscar otros comportamientos o actitudes.

Si bien lo anterior es indiscutible, el sentido común sugiere que a partir de allí, mientras más dinero ganemos, mayor será la felicidad. Investigaciones que se han realizado en América y Europa muestran que esto es falso. No hay ninguna relación entre tener más o menos dinero y la felicidad. Repito, siempre y cuando las necesidades básicas estén satisfechas.

Una vez que ha satisfecho sus necesidades básicas, los aumentos de sueldo no le harán más feliz. ¿Qué hace la diferencia? ¡Su optimismo! Si tiene actitud positiva, pensamientos constructivos y una visión optimista de su futuro, tendrá una vida más feliz.

No es de extrañar que mi audio libro “Estimulante” sea el más vendido en todo el mundo y que más satisfacciones les ha dado a quienes lo tienen. Constantemente profesionales de la salud no sólo lo recomiendan a sus pacientes, sino que son los primeros en utilizarlo. Ayuda a tener los comportamientos y actitudes que garantizan una vida de mayor bienestar y de mayor calidad.

Es natural que aspiremos a ganar más dinero, pero tengamos claro que esto por sí no nos traerá felicidad.

Y a propósito de esto, mucha gente decide irse a otro país en busca de mayores ingresos económicos. Y esto, está demostrado, no trae más felicidad. El alejarse de la familia, los amigos y el entorno donde se nació, provoca tristeza y desánimo. Si ha tenido que verse en esa situación, entonces conviene que logre un equilibrio tomando las sugerencias que indicamos en nuestros artículos que publicamos periódicamente.

Vivimos en una sociedad móvil donde las personas siguen los trabajos alrededor del país y a veces alrededor del mundo. Se hace esto porque se piensa que los aumentos de sueldo harán más felicidad, pero el hecho es que las relaciones deterioradas con los amigos y familia, sumado al desarraigo, producen un impacto que aleja la felicidad. Así que la próxima vez que piense reubicarse en otro lugar, considere si el aumento de sueldo le compensará para la pérdida de felicidad producto de alejarse de sus amigos, familia y entorno.

Sergio Valdivia

Para conocer mi audio libro “Estimulante”, visite www.circuloaleph.com/editorial/adp.htm

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Lo que muchas veces
no nos atrevemos a decir

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¿Qué rumbo tomar?Siempre he considerado de suma importancia las relaciones familiares. Pienso que no podemos vivir sin ellas y que tarde o temprano el que no las ejercite, se sentirá tan solo, que terminará sus últimos días poniéndolas en práctica aunque tenga que recorrer cientos de kilómetros para estar junto a sus seres queridos.

Un amigo mío me platicaba hace tiempo, que su padre fue siempre un hombre muy duro, educado con carácter inflexible, y que formó a sus hijos varones con una personalidad extremadamente firme. Antes de dormir, cuando ellos eran pequeños y se dirigían a dar las buenas noches con un beso, él los detenía y les repetía hasta el cansancio: “que un hombrecito solamente se despide con la diestra”, y alargando su brazo, les daba un fuerte apretón de manos.

Transcurrió el tiempo. Su padre fue envejeciendo, y su rostro duro se tornó en dulzura, su trato inflexible en comprensión, sus ojos siempre secos, en húmedas cuencas por donde seguido y con facilidad brotaba el llanto. Un domingo en el cual la familia se encontraba reunida, tomó por vez primera delante de todos los presentes el rostro de su esposa, y dándole un beso en la frente, comentó estar comprendiendo por fin que la vida era demasiado corta para no manifestar abiertamente sus sentimientos. A medida que el padre “se liberaba”, el amor del hijo crecía, y empezó a sentir una gran necesidad de demostrarle su cariño. Sin embargo, cada vez que estaba junto a él y llegaba el momento de despedirse, en lugar de inclinarse para besarlo, extendía mecánicamente la mano como se le había enseñado toda la vida.

Cuando sentía deseos de decirle que lo quería, se le formaba un nudo en la garganta y le daba temor pronunciar esas palabras.

Una tarde de verano, se armó de valor y recorrió doce kilómetros para llegar a donde se encontraba sentado en su vieja silla mecedora con la mirada perdida entre los árboles frutales que años atrás había plantado, y le dijo: “Papá, vengo a decirte algo”.

Mi amigo se sentía un tonto porque recordó de pronto que tenía cuarenta y cinco años de edad, y su padre arriba de los noventa; pero ya había empezado y no podía dar marcha atrás. “Te quiero”

—le dijo, sintiendo que se ahogaba.

“¿Es eso lo que viniste a decirme?" —le preguntó con ternura su padre. “No necesitabas recorrer tantos kilómetros para ello... pero, me alegra sobremanera escucharlo”. Tomó después el rostro de su padre, besándole la frente y las mejillas. De pronto, sintió que unos brazos débiles y enjutos le rodeaban el cuello.

Así permaneció el hijo en esa incómoda posición por largo rato hasta que fue soltado y se incorporó. Ya de pie, pudo contemplar que su padre lloraba y le temblaban sus ancianos labios.

El problema de las murallas entre los miembros de una familia es abundante a pesar de existir lazos muy fuertes de sangre, y se puede presentar lamentablemente entre padres e hijos. Algunas veces, la vida concede oportunidades para romper esas cadenas, pero en ciertos casos la muerte trunca toda posibilidad de reconciliación o acercamiento. ¡Cuántos casos hay en que un primo es indiferente hacia su primo por problemas que tuvieron tiempo atrás sus padres! ¡Y cuántos casos hay en que un hermano deja de hablarle para siempre a su hermano y se encierra en un mutismo inexplicable donde únicamente cuentan sus hijos y su esposa! El mismo error se comete cuando se aprecia y se respeta más a un conocido o a un compadre que a un miembro de la familia.

Ese día en que mi amigo decidió acercarse a su padre, sintió que se liberaba del peso de viejas ataduras, que su espíritu se remontaba a regiones insospechadas de quietud, satisfacción y paz espiritual. Ese minuto le pareció fugaz, y ambicionó tener el poder de alargarlo para toda la vida.

He sabido de casos maravillosos en que dos hermanos que no se conocían, por haber sido separados desde pequeños al morir sus padres, se encuentran cincuenta años después, y he contemplado con deleite el largo abrazo que se dan y la cantidad de lágrimas que se vierten. ¿Por qué no hacer lo mismo con el padre o la madre o el hermano que viven actualmente a unas cuantas cuadras, y que tal vez en silencio, pueden estar esperando desde hace mucho tiempo, que un día toquemos a su puerta y les digamos en voz baja pero emocionada: Te quiero... te quiero... y siempre te he querido, además, te confieso que he sido un tonto por no haberme atrevido a decirlo desde hace mucho tiempo?

Abundan los casos de verdadera amistad entre dos personas que se conocieron desde la infancia y se llegaron a apreciar más que si fueran hermanos. Sin embargo, repentinamente y sin motivo, esa amistad tan valiosa se pierde por completo en la edad adulta. Uno de los dos deja de hablarle al otro y no da explicación alguna. En verdad no sabemos por qué se dan esos casos, pero son muy dolorosos para todo aquel que cultivó una amistad sincera y desinteresada a través de los años, y de pronto siente que todo cambió.

Si por algún motivo nos diéramos cuenta que el día de hoy va a ser el último de nuestra vida, abrazaríamos a los nuestros una y otra vez diciéndoles que los queremos, que los queremos mucho y que no nos explicamos cómo es posible que con anterioridad no se los hicimos saber. Si supiéramos que esta es la última vez que vemos a nuestro cónyuge, a nuestros hijos y a nuestros nietos, les diríamos tantas cosas que en el pasado nos guardamos en el corazón, y no asumiríamos tontamente que ya lo saben. Permanezcamos siempre cerca de los que amamos, por lo menos en pensamiento y en oración, para curar sus heridas y sanar sus sentimientos.

Estoy convencido de que el mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veamos a nuestros seres queridos. Por eso, no esperemos más. Busquémoslos hoy mismo, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentaremos con tristeza que no dedicamos un tiempo especial para una sonrisa, un abrazo, un beso. Muchas veces caemos en el error de vivir en el futuro, situación que es tan grave como vivir únicamente en el pasado. La verdad es que lo único que tenemos seguro es el presente, y el mejor día de nuestra vida es el que usted y yo estamos viviendo en este momento.

Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles: “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias”, y todas las palabras de amor que conoces. Y a los seres queridos que se nos adelantaron en el camino de la vida, tengámoslos cerca de nuestro corazón para que nos escuchen con toda claridad decirles palabras de cariño, frases que se entremezclen una y otra vez con esa oración que a diario elevamos al Señor de la Vida, al que nos ama, nos cuida y nos perdona.

Nadie nos recordará por los “pensamientos secretos” que tuvimos, pidamos al Señor, la fuerza y la sabiduría necesaria para expresarlos. Demostremos a nuestros familiares y amigos cuánto nos importan. Visitemos a los enfermos, a los ancianos y a los privados de su libertad que necesitan consuelo y sobre todo fortaleza.

Si supiéramos que por algún motivo las semanas que estamos viviendo van a ser las últimas de nuestra vida, daríamos más valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

No mediríamos la riqueza por el poco o mucho dinero que tenemos, sino por aquellas cosas que no cambiaríamos por dinero. Dormiríamos poco, soñaríamos más, andaríamos cuando los demás se detienen y despertaríamos cuando los demás duermen. Le daríamos una mayor importancia a la salud, colocando en un plano inferior las riquezas materiales. Le agradeceríamos a Dios el don de la vida y nos sorprenderíamos por el entorno maravilloso que nos ha legado. Observaríamos con un cariño muy especial las travesuras de los nietos y los bendeciríamos con mayor frecuencia. Nos impresionaríamos de tantas cosas que anteriormente ni siquiera las tomamos en cuenta. Lloraríamos de tristeza por el tiempo perdido, por la sonrisa que nos guardamos y por las palabras de cariño que no supimos expresar. Le daríamos gracias a Dios por los momentos apacibles y los domingos espirituales, por la fe y la esperanza que jamás nos abandonó, por las buenas intenciones de nuestros semejantes y por la historia de su vida que alguno de ellos nos contó.

Jacobo Zarzar

Testimonios

Doctor Valdivia.

Cordial saludo. Agradezco muchísimo tan invaluables escritos que realmente llenan de motivación y deseos de seguir adelante con esta hermosa vida que se nos ha brindado, le reitero de nuevo, muchas gracias por ello.

Hernán Saldarriaga Cuellar


Es muy interesante y lamento no haber estado enterado antes de esta revista. Mientras dure nuestro vinculo, creo que habrá motivos más que suficientes para estar en contacto. (Después de haber leído este primer ejemplar). Felicitaciones.

Benito Morello R., Buenos Aires, Nuevo Chimbote, Perú.


Mil gracias. He leído con cuidado el articulo y veo los grandes errores que frecuentemente cometemos, que nos llevan ser infelices en x o y aspectos. Veo lo importante de dejar el orgullo, pedir perdón y quitarnos este peso de encima. Porque vinimos a este mundo a ser felices y no a sufrir.

Arcadio Restrepo, Bogotá, Colombia.