CONOCERSE A SI MISMO
NO ES SIMPLE
Cuando alguna persona decide comenzar seriamente un camino de perfeccionamiento
de sí mismo, pronto se encontrará con alguien que le dirá solemnemente: lo primero que
debes hacer es conocerte a ti mismo. Efectivamente esta sentencia se daba desde muy
antiguo en las escuelas o filosofías.
Lo que casi nadie explica hasta ahora es que no basta con tener la intención de conocerse
a sí mismo para lograrlo. Más aún, sin una ardua preparación, es imposible. La mente
construye imágenes ilusorias de sí mismo. Cada uno percibe una parte de la realidad y la
interpreta a su gusto. De allí que sea mucho más fácil mirar en el otro los defectos
que en sí mismo. Es que el ego de cada persona no permite que se observe sinceramente.
Cada uno justifica sus actos y encuentra una explicación para él razonable.
Si no te reconoces tus defectos, no puedes conocerte realmente. Y mucho menos puedes
cambiarlos. Sólo puedes aspirar a una vida mejor si identificas lo que está errado en
ti. Pero, ¿cómo hacerlo, si tu mente está entrenada para suavizar las equivocaciones y
para justificar tus acciones? A continuación, una magnífica clave para conocerte.
Usemos precisamente esta realidad de que es más fácil ver en el otro sus defectos que en
sí mismo. Observa a los demás y reconoce las emociones negativas o perturbadoras en
ellos. Investiga cómo se manifiestan, qué dice el sujeto, cómo se comporta, cuál es la
expresión de su rostro, etc. Identifica emociones tales como celos, envidias,
animadversiones, rencores, miedos y otras. Cuando veas que alguien se comporta de tal
modo, tu concluirás: eso que la persona tal manifiesta se llama celos. Tú debes ser un
investigador por unos días de la naturaleza humana, pero no un juez. No critiques ni
juzgues, simplemente observa.
Después de un par de semanas de investigación observa tus comportamientos y expresiones.
Seguramente descubrirás en ti, quizás por primera vez, lo que en otros observaste.
EL MONO Y EL PEZ
En mi último viaje a la selva tropical de Costa Rica, supe la
historia de un mono que allí vivía y que parece había leído este Boletín. El mono era
conocido por su gran bondad y por su afán de ayudar a los otros animales de la región.
En aquel bosque tropical nunca hacía frío. Todo era tranquilo y el mono se paseaba de
rama en rama buscando a alguien para ayudar.
Un día se acercó a un río y como no sabía nadar se quedó mirando maravillado sus
aguas cristalinas. Vio entonces un pequeño pez que se paseaba en busca de alimento. El
mono quedó entonces muy preocupado pensando que el pez tendría frío y pudiese morir
ahogado en aquel río inmenso.
Resolvió ayudar al pobre pececito. Arriesgándose se puso encima de un tronco que flotaba
hasta conseguir agarrar el pez. Sintió entonces que él estaba helado y pensó en el
frío que el pez habría pasado sin que nadie lo ayudase. Esto lo dejó muy satisfecho por
su buena acción.
Después de la operación de salvamento, el mono todavía no estaba contento. Creyó que
podría ayudarle más. Decidió entonces llevarlo para su árbol y calentarlo con su piel.
En la mañana siguiente, al despertar, vio que el pez estaba muerto. Quedó muy triste.
Pero no se preocupó demasiado, pues sabía que había intentado todo para ayudar al
amigo. Se consoló todavía más cuando concluyó que el pez seguramente murió debido a
un resfriado que tal vez contrajo durante el tiempo que vivió en el agua, sin ayuda de
nadie.
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Hay mucha gente que me viene a ver a mi consulta y me pregunta: ¿por qué si yo soy tan
buena y ayudo a tanta gente, las personas no son buenas conmigo? Muchas veces se debe a
que no se sabe ayudar. No basta con tener buena voluntad hacia los otros, hay que aprender
como y cuando actuar.
Uno de los errores más comunes es hacer dependiente al otro, obligarlo a comportarse de
una determinada manera, sin tomar en cuenta que la personalidad y el carácter del otro
son diferentes. Que se trata de dar la oportunidad que cada uno aprenda de sus
experiencias, guiarlo para que evolucione, pero no pretender hacer las cosas por él. Hay
que respetar para ser respetado. Amar es procurar lo mejor para el otro, no lo mejor para
mí. |
UNA HISTORIA DE
LEONES
El rey de los leones -porque el león es el rey de los animales, pero a su vez
ellos tienen su rey-, el rey de los leones, digo, para celebrar el aniversario de su
reinado resolvió hacer una gran fiesta. Todos los leones de la sabana fueron convidados
(no de la selva, pues los leones no viven allí como muchos creen).
Organizó una prueba llamada "la gran trepada al gran árbol". Se sabe que los
leones no son muy buenos para escalar árboles, por eso la prueba era interesante.
Era un árbol inmenso y en lo alto el gran premio: una cebra exquisita. El león valiente
que consiguiera escalar hasta lo alto del gigantesco árbol se beneficiaría con ese
manjar y además sería candidato seguro para el próximo reinado (ellos eran muy
democráticos).
Cientos de leones asistieron a la fiesta y al concurso, venidos de todos los lugares del
reino. El primero en participar fue un león gordo. Tomó una distancia corta y muy
displicente subió al árbol, no llegando siquiera a la mitad. Además, mientras caía
blasfemaba contra el rey. -Este rey está loco, decía, colocó un premio tan alto que
nadie lo va a alcanzar, se está riendo de nosotros. Y siguió gritando para que los
demás lo oyeran: -Si nadie más participa, el rey se verá obligado a disminuir la
exigencia de la prueba... que nadie más participe y será más fácil.
Varios leones se decepcionaron con el rey, que comenzaron a bajar la cabeza y se alejaron.
Otros rugieron contra el rey palabras de desaprobación.
En esos momentos apareció un leoncito joven y bastante flaco. Tomó distancia
aprovechando el espacio que los otros habían dejado y corriendo como el viento se
encaramó al árbol. En el primer intento no tuvo éxito y cuando se preparaba para el
segundo intento, los otros leones le gritaban: -no seas burro, ¡no lo intentes!, ¡no se
puede llegar tan alto!, ¡te puedes lastimar!
Pero el leoncito tomo vuelo como la primera vez, subió rápidamente al árbol con mucha
energía y convicción. Con un gran esfuerzo, consiguió llegar al tope del árbol y así
bajo con la cebra.
La mayoría de los leones quedaron sorprendidos. Unos aplaudieron, otros comentaban la
hazaña.
El león gordo, cansado todavía, fue inmediatamente a pedirle explicaciones al padre del
leoncito, quien estaba feliz compartiendo el premio con los demás.
El padre del leoncito, respondiéndole de como su hijo había logrado subir al árbol, le
dijo: -Es muy sencillo. Mi hijo tenía la motivación del hambre. Pero lo principal, es
que él es sordo.
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Hay que ser sordo a los mensajes derrotistas y negativos. Tú eres capaz de muchas
hazañas, muchas más de las que te imaginas. Confía en ti y en los expertos que sepan
guiarte a desarrollar tus capacidades. Mi casete (audiolibro) "Estimulante"
contiene prácticas guiadas para tener pensamientos positivos y constructivos, y para ser
impermeable a las influencias negativas que puedan bajar el ánimo y la esperanza.

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